El agua de los canales de Xochimilco no solo refleja el cielo: sostiene la vida. Aquí, en la cuenca sur de la Ciudad de México, la agricultura ocurre en campos elevados rodeados de canales, conocidos como chinampas. Levantados con sedimento lacustre, ramas y vegetación en descomposición, sus bordes se aseguran con estacas y árboles. Son parcelas agrícolas fijas, no balsas flotantes.[1][6] Durante más de un milenio, este sistema ha proveído alimento y estabilidad ecológica a la región. Hoy, sin embargo, la supervivencia de este patrimonio enfrenta un conjunto complejo de presiones: la degradación del suelo, las brechas generacionales y los desafíos económicos de competir con la agricultura industrial. Para entender cómo sigue funcionando Xochimilco, hay que mirar más allá de la imagen romántica del paseo en trajinera, la lancha de canal que lleva pasajeros, y examinar los mecanismos físicos, sociales y económicos que mantienen vivas a estas islas.
Un patrimonio de resiliencia
El sistema chinampa es una red articulada de campos elevados de humedal. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo designó en 2017 Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (GIAHS), reconociendo su profundidad histórica y su sofisticación ecológica. No es un mero vestigio histórico: es un sistema agrícola activo que se ha adaptado a las restricciones en el movimiento y la disponibilidad del agua y a la alta demanda de alimentos de una gran metrópoli.

La productividad de las chinampas depende de la estabilidad biológica. Los agricultores usan métodos sofisticados, como el cultivo múltiple y la rotación, para mantener el rendimiento sin agotar el suelo. El sistema sostiene una diversidad notable de vida: los productores locales manejan 51 especies domesticadas, mientras el entorno alberga 96 especies no domesticadas. Estas plantas silvestres cumplen funciones críticas: el 67% se usa como forraje, el 20% con fines medicinales y el 13% como alimento. Esta biodiversidad llega también al agua: los canales y los pequeños estanques sostienen comunidades acuáticas que dan hábitat a aves y animales pequeños. La chinampa es, así, a la vez granja y humedal, una identidad doble que define su valor ecológico.
Sanar el suelo
Pese a su resiliencia histórica, el suelo de Xochimilco enfrenta amenazas concretas. Entre 2000 y 2019, México acumuló un 72 por ciento de degradación del suelo, un dato que subraya la urgencia de las iniciativas de salud del suelo. En Xochimilco, la salinidad — la acumulación de sales en el suelo — se identifica como un problema primario que afecta la productividad. Aquí es donde entra el programa global de Doctores del Suelo. Impulsado a nivel nacional por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de su programa interdisciplinario de estudios del suelo, el Programa Universitario de Estudios Interdisciplinarios del Suelo (PUEIS), desde 2021, el programa capacita a los agricultores para diagnosticar la salud de su propia tierra.

La capacitación es práctica y de bajo costo. Los participantes aprenden a excavar una fosa de un metro cuadrado para analizar los horizontes del suelo, las capas bajo la superficie, así como la textura, la acidez o alcalinidad medida como pH, y la materia orgánica. Se le describe como una ficha clínica de la tierra. Lourdes Fuentes Martínez y Macrina Dehesa Sánchez, dos «Doctoras del Suelo» certificadas, ilustran el impacto de este conocimiento. Macri, que heredó su parcela de su padre, cuenta que cuando empezó, la tierra era completamente infértil. Tras aplicar las técnicas de diagnóstico y las prácticas de manejo sostenible, asegura que ahora las semillas brotan espontáneamente. Para Lourdes, la capacitación en suelo también abrió una vía para compartir lo aprendido con otras personas. Junto con otras 681, estas agricultoras han sido certificadas en 16 estados, creando una red de expertas locales capaces de mantener la integridad biológica de las chinampas.
El ajolote como métrica de salud
La salud de la chinampa está ligada de forma inseparable a la salud del agua. El ajolote, una salamandra acuática (Ambystoma mexicanum) sirve de indicador biológico de este ecosistema. Ligado a la cultura mexicana desde hace más de 1.500 años, el ajolote necesita agua limpia y oxigenada para sobrevivir. La campaña Adoptaxolotl, que encabeza el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM, tiene la preservación de esta especie como meta central. El relato de la universidad describe una colonia de unos 120 ajolotes y los esfuerzos por mejorar las condiciones de los canales antes de un posible regreso al medio silvestre.

No se trata solo de un esfuerzo de conservación: es una intervención económica y social. La campaña busca dar apoyo financiero a los chinamperos, los cultivadores que trabajan estos campos elevados, para que puedan continuar su labor tradicional y rehabilitar canales secundarios. Hoy, 21 chinamperos reciben financiación y acompañamiento de este proyecto. Luis Zambrano González, investigador del Instituto de Biología, sostiene que la supervivencia del ajolote depende de toda la comunidad, no solo de los agricultores. Reclama una responsabilidad colectiva: consumir productos locales, apoyar la campaña y respetar el lugar como espacio fundamental de producción agrícola y resiliencia urbana. La iniciativa de «chinampa refugio» propone establecer parcelas específicas libres de agroquímicos, que sirvan de refugio seguro para los anfibios. Este enfoque une la restauración ecológica directamente con los medios de vida de los cultivadores, creando un círculo en el que el apoyo económico hace posible el cuidado ambiental.
Tender puentes entre lo urbano y lo rural
Para que el sistema chinampa siga siendo económicamente viable, debe conectarse con el mercado urbano. Arca Tierra, un proyecto con base en Xochimilco, ha desarrollado un modelo que salva esa brecha. Dirigida por Lucio Usobiaga, la organización conecta a productores rurales con consumidores urbanos mediante la agricultura regenerativa y el comercio justo. Ofrecen más de 200 variedades de alimentos, incluidas verduras, flores y productos de maíz nativo.

El enfoque de Arca Tierra es distintivo porque valora el conocimiento del agricultor como el activo principal. Usan «chapines», descritos como «micro versiones de la chinampa», para germinar semillas a mano. Esta técnica evita las bandejas de plástico y los sustratos sintéticos, en sintonía con los principios del sistema ancestral. Vendiendo directamente a hogares y restaurantes de la Ciudad de México, Arca Tierra crea un mercado de alimentos locales de alta calidad. Este vínculo económico es crucial. Como señala Zambrano, los chinamperos deben sobrevivir a la «hecatombe» causada por la agricultura industrial moderna. Ofrecer un mercado de precio justo para sus productos abre una vía de estabilidad económica que no depende solo de subsidios estatales.
Recuperar espacio e identidad
El tejido social de Xochimilco también se está transformando. La Escuela Campesina, una escuela de capacitación para agricultores, lanzada en marzo de 2023 por la Iniciativa Agroecológica Xochimilco (IAX) y Arca Tierra, busca formar a la próxima generación de agricultores. La primera generación fue de cinco estudiantes, cuatro de ellas mujeres. Este cambio demográfico es significativo. El relato local describe la creencia de que las mujeres no debían trabajar el suelo de la chinampa. La tierra era personificada como una mujer celosa, y se creía que si una mujer tocaba el suelo, se volvía salado y la cosecha se perdía.
Virginia «Vero» Martínez Guevara, productora y estudiante de 47 años, cuenta cómo esa norma fue una barrera para su participación. Durante años enfrentó acoso y exclusión. «Fue muy difícil», recuerda. «Frases como “ya estás vieja, ¿qué haces aquí?” eran el pan de cada día». La Escuela Campesina ha desafiado esas normas. Al ofrecer un entorno estructurado para aprender técnicas agroecológicas y preservar la cultura chinampa, el programa ha creado un espacio donde las mujeres pueden desarrollar sus habilidades y ser valoradas. Vero señala que ahora se siente segura y apreciada, parte de un equipo que comparte conocimiento. Esta reestructuración social es esencial para el futuro del sistema: si el conocimiento no pasa a la siguiente generación, y si se excluye a la mitad de la población de la fuerza laboral, el sistema chinampa se apagará.
Conclusión
Las chinampas de Xochimilco no son un museo. Son un sistema vivo que exige gestión activa, apoyo económico e inclusión social. La designación como GIAHS reconoce su pasado, pero su futuro depende de las acciones de hoy. Las doctoras del suelo sanan la tierra. La campaña del ajolote limpia el agua y sostiene la economía. Arca Tierra construye el mercado. La Escuela Campesina construye la comunidad. En conjunto, estos esfuerzos atienden las condiciones físicas, sociales y económicas necesarias para que una cultura distintiva continúe en un lugar. El reto es mantener ese equilibrio en una ciudad que se urbaniza a toda velocidad, asegurando que las chinampas sigan siendo fuente de alimento, identidad y resiliencia ecológica para la Ciudad de México.

Sources & further reading
- fao.org. Chinampas Mexico | Globally Important Agricultural Heritage Systems | Food and Agriculture Organization of the United Nations.
- unamglobal.unam.mx. DOCTORAS DE LOS SUELOS DE LA UNAM, CURAN CHINAMPAS - UNAM Global.
- admin. Anuncian la cuarta edición de la campaña Adoptaxolotl - Gaceta UNAM.
- Wendy Pérez. La riqueza de la chinampa a través de Arca Tierra.
- heraldodemexico.com.mx. Escuela Campesina: ocupan espacios entre los cultivos - El Heraldo de México.
- UNAM, Anales del Instituto de Biología. Chinampas y almácigos flotantes (original journal issue: 1937; online record: 2017).


